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NEWMAYER & EMONDS (1976) – LA LINGÜÍSTICA EN LA SOCIEDAD MODERNA (pp. 13 – 18)

Frederick Newmeyer

Frederick Newmeyer

Desde hace ya tiempo el apoyo más constante (y no académico) de la lingüística norteamericana ha sido el American Council of Learned Societies. El ACLS actúa como intermediario entre las principales fundaciones, de las que solicita fondos, y los estudiosos universitarios, que reciben becas ACLS (…) El primer instituto lingüístico, establecido en Yale en 1928, no habría sido posible sin una ayuda del ACLS (…) En 1941, con una ayuda de 100.000 dólares de la Fundación Rockefeller, el ACLS lanzó un programa lingüístico “concebido y ejecutado con el propósito de formar rápidamente expertos en idiomas poco conocidos” (…) Las necesidades de la guerra, en cuestión de idiomas extranjeros, puso en estrecho contacto al Programa Intensivo de Lenguaje del ACLS (ILP) y al gobierno federal. La revista Hispania notaba ya (diciembre de 1942) que “el Director del ILP era constantemente consultado sobre problemas lingüísticos por casi todas las agencias del gobierno” (…) El Ejército, “a través del ACLS, se dirigió a la Sociedad Lingüística y obtuvo los mejores guías profesionales que fueron capaces de dar los miembros de la sociedad” (Bloomfield, 1946). El ejército, a su vez, sostuvo la investigación de los lingüistas del ILP, Desde la segunda guerra mundial, los lingüistas han recibido cientos de miles de dólares del ACLS, que salían principalmente de la fundación Ford (…) El director ejecutivo del ACLS explicó por qué esta ayuda externa es tan necesaria para la investigación lingüística:

“La tercera guerra mundial ha empezado y no hay seguridad de que se haya ganado ya. A pesar de que esta guerra es una guerra del espíritu de los hombres, no existe una Plana Conjunta de Oficiales que planifique tal guerra, ni una autoridad de producción bélica que se encargue del material para tal guerra (…) En esta guerra del espíritu de los hombres, los grandes fusiles de nuestro armamento son, obviamente, la capacidad en lenguas y lingüística”

(…) Muchos de los lingüistas que estaban relacionados con el Programa Intensivo de Lenguaje en el CLS trabajaron directamente para el gobierno durante la guerra formando parte del Programa de Formación Especializada del Ejército o de la Sección de Lingüística del Ejército o de la Sección Educativa de la División para Servicios Especiales. La segunda guerra mundial fue de enorme importancia (a la vez que supuso un “boom” para la profesión lingüística (…)

No hay duda de que este tipo de ayuda económica para la investigación lingüística continuará en la medida en que los lingüistas convenzan al gobierno federal de que sus investigaciones tendrán un efecto positivo para la enseñanza de las lenguas, particularmente de las “lenguas críticas” (…) La Ley de Educación en Defensa Nacional ha puesto a la lingüística en el disparadero: “levantarse o callarse”.

NEWMAYER & EMONDS (1976) – LA LINGÜÍSTICA EN LA SOCIEDAD MODERNA (pp. 18 – 21)

Todos estamos al tanto sobre la financiación por parte del Departamento de Defensa de la investigación en gramática generativa. Las primeras ayudas económicas de los servicios armados se filtraron de una manera indirecta en la investigación en gramática transformatoria – la mayor parte a través del Laboratorio de Investigación Electrónica del MIT – y de varios proyectos de traducción mecánica. Sin embargo, con solo leer los datos sobre la financiación en las primeras páginas de los artículos sobre tal investigación, muestra de manera convincente que esta investigación depende de las ayudas financieras de las distintas ramas del Departamento de Defensa (…) Por ejemplo, una simple beca para una investigación universitaria en lingüística concedió, a partir de esta fuente de ayuda, cerca de 50.000 dólares anuales durante varios años. El coronel E. Gaines de la Fuerza Aérea explica: “(…) nuestros sistemas de ‘dirección y control’ contienen información acerca del status de nuestras fuerzas áreas y los usamos al planificar y ejecutar operaciones militares, por ejemplo en Vietnam (…) Nosotros patrocinamos la investigación lingüística para así poder aprender a construir sistemas de “orden y control” que puedan entender las preguntas directamente (…) El feliz resultado de tales sistemas dependerá de la penetración lograda por la investigación lingüística” (comunicación personal).

NEWMAYER & EMONDS (1976) – LA LINGÜÍSTICA EN LA SOCIEDAD MODERNA (pp. 22 – 25

Dada la clase de financiación que se puede obtener, y de hecho indispensable para la investigación lingüística, es significativo que la mayoría de los lingüistas que se han ocupado del estudio científico de la relación lengua-sociedad, han predispuesto sus propuestas y conclusiones en favor de las clases económicamente dominantes del país o países que han estudiado. El mejor ejemplo de esto es la actitud de la mayor parte de los lingüistas hacia el llamado “standard American-english” (…) Parece un poco chocante decir que el inglés estándar es el que usan los negociantes, ejecutivos, catedráticos, juristas, políticos, banqueros, religiones establecidas (…)
Por lo que sabemos, las definiciones del “inglés estándar” nunca han sido objetadas. Y casi todo los lingüistas americanos, incluidos los estructuralistas y transformacionales, han intentado varios medios de subordinar el habla no estándar al estándar (…)
Que nosotros sepamos, ningún lingüista ha considerado las posibles implicaciones racistas o anticlase trabajadora al abogar que una clase social modele su forma de hablar según otra. Algunos han transigido al proponer que el inglés no estándar sea usado en la escuela primaria , y algunos, como Labov, han intentado facilitar la carga impuesta al alumno negro; pero ninguno ha abandonado la meta última de moldear al hablante no estándar dentro del estándar (…) El hecho de que nuestra sociedad no permita que cada inivididuo hable su propia variedad de inglés sin acarrear algún estigma social, no ha sido criticado en la bibliografía lingüística o en la lingüística aplicada, ni los lingüistas han abogado para que sea el estigma lo que haya que erradicar y no los dialectos (…)
La razón de que tales – y obvias – soluciones democráticas no hayan sido abogadas por los lingüistas es quizá porque tal meta, seriamente perseguida, supondría una completa reorganización de la sociedad americana; la sociedad que nos da a nosotros los lingüistas el pan nuestro de cada día.

NEWMAYER & EMONDS (1976) – LA LINGÜÍSTICA EN LA SOCIEDAD MODERNA (pp. 26 – 30)

Otra forma mediante la que los lingüistas han ayudado al poder económico dominante es la de las políticas lingüísticas a las que sirven. Por ejemplo, Marckwardt (1958) argumenta que “el inglés debería ser el mejor candidato” para un idioma mundial auxiliar. Esto, sin duda, sería entusiastamente apoyado por los dirigentes americanos militares y financieros (…)
Podemos decir con seguridad que los investigadores lingüísticos formados en las culturas económicamente dominantes también refuerzan consistentemente el mito sobre la inferioridad de los pueblos del tercer mundo con sus métodos y sus conclusiones en los estudios de sus lenguas. La práctica de alquilar por tres cuartos a un “informante” sin introducirle activamente en las ideas y análisis lingüísticos tiene sesgos tremendamente peligrosos. El informante se siente estúpido porque la situación implica que un extranjero puede entender las complejidades de su lengua, en algún sentido misteriosamente “científico”, mejor que él. Más aún, no ve en qué consiste exactamente su trabajo, ya que no entiende el curso de la investigación. En la mayoría de los casos está claro que el investigador no tiene ningún interés por la cultura del informante, mientras que éste tiene que mostrar sus intimidades cultu rales.
(…) No pensamos que sería totalmente cínico razonar que las fundaciones Ford y Rockefeller no están interesadas en gastar cientos de miles de dólares para que luego les digan que lo que hace falta son más revoluciones en el tercer mundo.

NEWMAYER & EMONDS (1976) – LA LINGÜÍSTICA EN LA SOCIEDAD MODERNA (pp. 31 – 38)

Podemos pensar que el tipo de encauzamiento [directo o indirecto por parte de las fundaciones financiantes] con el que nos vemos la mayor parte de los que aquí estamos tiene poco que ver con el mantenimiento de las clases dominantes en resultados inmediatos. Como nos hemos hecho notar privadamente, es difícil ver cómo nuestro trabajo mantiene (o incluso afecta) a alguien, excepto a nosotros mismos. [Me gustaría plantear, entonces] por qué la gran mayoría de los lingüistas americanos (especialmente de los departamentos mejor pagados) son teóricos de la gramática y cuáles son las consecuencias de este hecho (…)
No hay, obviamente, escasez de estudiantes deseosos de investigar las interrelaciones lengua-sociedad. Sin embargo, en los últimos años un escaso número de tesis doctorales en lingüística han tratado en alguna manera de las relaciones lenguaje-sociedad. En los mejores departamentos el porcentaje es aún más pequeño. ¿Por qué es así? (…) La respuesta debería estar clara: se les ha encauzado fuera del campo (…) Naturalmente, abandonan la idea de estudiar lingüística y entran en algún otro campo (…)
La tesis de Chomsky de que “para entender cómo se usa la lengua debemos descubrir la forma abstracta humboldtiana del lenguaje” es interpretada ampliamente como un obstáculo para el trabajo aplicado (…)
Una de las consecuencias reales de las enormes sumas de dinero derrochadas en investigación gramatical ha sido la redefinición del significado mismo de “lingüista”. Hace tan solo unas décadas, nadie que se interesara en el “estudio del lenguaje” o posiblemente en “el estudio científico del lenguaje” se hubiera podido llamar a sí mismo “lingüista”. Ahora, un lingüista, tal y como nosotros usamos el término, es el que se dedica a construir modelos formales de competencia lingüística (…)
Existe un dogma oficial que justificaría filosóficamente el menosprecio del lingüista por el uso del lenguaje: “no tiene sentido comenzar el estudio de la ‘performance’ hasta que no se haya entendido bien la ‘competence’” (…) Esto no es más que una apología para el lingüista, que sabe de dónde le viene el dinero y desea no verse afectado o interesado en las cuestiones sociales (…)
Podríamos citar innumerables casos en que oíamos a nuestros catedráticos y condiscípulos deleitarse en la irrelevancia de su trabajo (…)
[Sin embargo], debemos agradecer el trabajo de propaganda de los mismos gramáticos transformacionales al convencer a las agencias de financiación de que su trabajo es el único (orientado hacia el estudio del lenguaje) que merece apoyo financiero (…)
[En 1966, en una reunión de la ACLS] “atrajo a personas interesadas de organizaciones públicas y privadas (Sebeok, 1967). Ya que los invitados incluían representantes del Instituto para la Defensa del Idioma, la Fundación USA del Acero, la Agencia Nacional de Seguridad y la CIA, podemos únicamente pensar que el principal motivo de la reunión fue solicitar ayuda. Moulton, Chomsky, Ferguson y Haughem informaron a los invitados sobre varios aspectos de la lingüística en Estados Unidos (…) Debemos suponer que Sebeok no ha descrito con completa precisión [lo que ahí ocurrió].